De una dermatitis severa… a una piel suave

«Los médicos me decían que esta patología no tenía cura, que se podía controlar la dermatitis con diferentes tratamientos, pero que no se podía solventar definitivamente la enfermedad...».

Relatos y favores

Desde que nació mi hijo –ahora tiene seis años– había tenido problemas de dermatitis atópica muy muy severa, tanto que la piel se le infectaba, le salían granitos y la piel siempre la mantenía reseca y áspera, como una lija.

Si le aplicaba más cremas, le quemaba, pero sin ese tratamiento no había otra manera de hidratarle

Le ardía la piel al bañarse, lloraba y gritaba cuando le aplicaba las cremas y hasta el cuero cabelludo lo tenía lleno de caspa a causa de tanta sequedad en la epidermis. Era una situación muy dura. Si le aplicaba más cremas, le quemaba, pero sin ese tratamiento no había otra manera de hidratarle. La piel se le laceraba y se le abría provocando heridas con sangre.

A consecuencia de estas incomodidades crónicas, mi hijo no podía leer tranquilo, ni concentrarse en sus tareas. El picor era constante. Le llevé a muchos dermatólogos, le aplicaba cremas muy costosas. Desde que nació estuvo sometido a tratamiento con corticoides que le mejoraban puntualmente, aunque al cabo de 10 días volvía a complicarse la enfermedad.

Desde que nació estuvo sometido a tratamiento con corticoides que le mejoraban puntualmente, aunque al cabo de 10 días volvía a complicarse la enfermedad

Los médicos me decían que esta patología no tenía cura, que se podía controlar la dermatitis con diferentes tratamientos, pero que no se podía solventar definitivamente la enfermedad, ya que mi hijo tenía un problema genético y su piel no producía la grasa natural que necesitaba para funcionar con normalidad.

Devotamente empecé a rezarle la novena al beato Álvaro del Portillo. Le recé los nueve días frente al Santísimo. Le pedía al beato Álvaro que le regalara a mi hijo la gracia de tener una piel suave, que nunca más le volviera a picar, ni le supusiera molestias permanentes.

Le pedía al beato Álvaro que le regalara a mi hijo la gracia de tener una piel suave, que nunca más le volviera a picar

Y para la gloria de Dios, mi hijo ahora goza de una piel suave y ya no tengo necesidad de aplicarle cremas costosas. Ahora simplemente le aplico una crema normal y ya no le afecta tanto el tratamiento.